Aoshi Blog | 16:33

ANÁLISIS DE "OMEGA STATION" CAPITULO FINAL DE TRUE DETECTIVE

Apuntes sobre ‘Omega Station’, el capítulo final de True Detective. Season 2. por Willy McKey


"Tú estabas allí / a verme ruego y me arrodillo. / ¿Qué clase de hombre me pediría entonces / si pudiera hacer un trato? / Cuando los amantes del futuro leen estas líneas / un sonido de acero y el trueno / hará eco en su mentes "
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[ALERTA DE SPOILER]
0. Morir a solas. La muerte de Ben Caspere al principio de todo esto. La muerte de la madre de Leonard y Laura mucho antes. La muerte de Ledo Amarilla. La muerte de Dixon. La muerte de Stan, de Blake, de Osip. La muerte de Paul Woodrough en el capítulo anterior. La muerte de Pitlor. La muerte de la fiscal Davis. La muerte del alcalde Chessani. La muerte de Holloway y la inmediata muerte de Leonard. La muerte a solas. La muerte y su narrativa. La muerte y los dos muertos que faltan en esta lista.
Una de las ideas más singulares del filósofo medieval Averroes sostiene que el espíritu está dividido en dos: una parte perecedera (que muere con el cuerpo) y otra eterna que está conectada con el alma humana, con el intelecto común, con esa inteligencia colectiva que estructura las nociones, los juicios, las verdades.
Una bala puesta por un policía o por un delincuente en el pecho de alguien no es “la muerte”. Al final de la segunda temporada de la obra de Nic Pizzolatto, es prudente preguntarnos qué pasa con la noción de Averroes al sustituir “la muerte” por “el asesinato”.
Porque con el asesinato cualquiera puede creer que esa conexión singular de la que habló Averroes, entre el alma singular y el alma común, se fractura. O peor aún: cualqueira puede creer que cuando todos se matan en favor del asco, de lo podrido, de la miseria, esa fractura funciona como una rendija, una coladera que permite intoxicar toda el alma común.
Cuando un solitario es asesinado y esa muerte se transforma en silencio, ¿qué es lo que muere? ¿Hasta dónde podemos acostumbrarnos a apilar cadáveres que parecen producto de las balas, pero que no son sino la consecuencia de que ya llegamos al tope de lo permitido, de que ese cable con el alma humana fue mutilado, de que estamos muertos?
2. 99% vs. 99%. Cuando Frank Semyon consigue el cuerpo de Austin Chessani flotando en su piscina de excesos faraonicos, es obvio que el poder cambiará de mano. El parricidio que llevará a Tony Chessani a ser alcalde era el gesto que faltaba para completar el abanico posible de las relaciones paterno-filiales conflictivas que sirvieron de eje a esta temporada.
Frank consigue en Ray Velcoro al cómplice ideal para acabar con Osip y ofrecerle la salvación en Venezuela. Justo antes de quitarle la vida con una bala, tal como se lo prometió la última vez que se vieron, Frank Semyon acribilla el cuerpo ya finado de Osip. La razón de esa ráfaga de disparos es que Osip decidió usar un cliché con el destinatario errado. Intentar conmover al niño que tuvo que asesinar con sus manos a una rata mientras estaba encerrado en un sótano por su padre con la frase “Eres como un hijo para mí” no podía ser menos letal.
Sin embargo, Velcoro está en el otro extremo emocional de lo paterno.
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La parte más valiosa de la relación entre Ray Velcoro y Chad nunca fue correspondida. Aquella grabadora que entusiasmaba al padre le permitía hablar con un hijo ausente pero posible, futuro, lejano. El intento de llevar la voz hasta el hijo se traduce, finalmente, en una nueva frustración, así como el resultado del examen genético con el cual la madre de Chad intentó resolver su conflicto. Sin embargo, ese mensaje que nunca llegó es el remate ideal para comprender la complejidad de la transformación de Velcoro, tras el previsible desvío del hombre que, acercándose al olvido, intenta ver a su hijo por última vez.
"Lo siento por el hombre que se convirtió en ... para el padre que era. Espero que tenga la fuerza para aprender de eso. Espero que usted no tiene ninguna duda de cuánto Te amo, hijo. Tú eres mejor que yo. Si hubiera sido más fuerte, I'd've sido más como tú ".
Toda correspondencia es un intento frustrado de quien no puede estar de cuerpo presente para crear un sustituto válido que lo contenga. Las cartas, los mensajes, las grabaciones… todos los formatos con los cuales hemos intentado corresponder al otro con algo de verdad son, a fin de cuentas, un sustituto. Algo que nunca le llegará a Chad, más allá de la placa congelada de un abuelo desmemoriado que olvidará la noticia que desde la televisión le comunica la muerte de su hijo y la vergüenza de las acusaciones que servirán para que otros laven su cara.
3. Antígona. No es fortuito que en una serie que aborda la transformación sicológica de los personajes a partir de sus traumas y visiones del hecho paterno filial, la única sobreviviente (Ani Bezzerides) se llame Antígona, como la hija de Edipo y Yocasta.
Un importante director de teatro venezolano decía que: “Cada vez que Antígona salva a alguien más”. También decía que el espectador de Antígonacorre el riesgo de distraerse con las acciones y olvidar que la médula está en lo que esas acciones generan. Es decir: por querer comprender lo que pasa con Antígona desatiende lo verdaderamente importante de la obra de Sófocles: lo que sucede en Antígona para hacer que Creonte reconozca que mantener el poder no valía tantas muertes. O en Ani. o en Jordan Semyon.
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Quizás este referente también sirva para atender el asunto de los diamantes azules y la preocupación en varios espectadores por su aparente levedad en la trama final. Es un asunto casi sintomático: el botín es un elemento catalizador. Si da la sensación de ser leves en la trama es porque, en efecto, lo son. Sin embargo, lo que sucede en los personajes y la manera en que confiesan sus fisuras morales y transformaciones son determinantes.
El asesinato al presunto violador cometido por Ray. Las experiencias homosexuales de Paul. Los traumas de Ani. La infertilidad de Frank. La miseria de cada uno de los personajes revelados por la oscuridad de Vinci operan como aquel fotógrafo que pasó desapercibido en un set de grabación: la última capa previa a la verdad contenida.
Lo que vimos durante ocho capítulos no empezó por un robo en 1992 ni por el homicidio de Ben Caspere. Comenzó porque durante un momento todo cuanto se había contenido en las vidas de estos personajes se desbordó. Y si el alma puede dividirse en dos, todavía ningún filósofo ha dado con la posibilidad de que el cuerpo pueda hacer lo mismo.
4. Desierto. Bosque. Mar. La idea del alma dividida de Averroes se complementa con una más global: aquella que sostiene que el mundo es eterno, dándonos a cada uno la oportunidad de agenciar un apocalipsis personal, propio, íntimo. Ese momento en el cual una mitad del alma empiece a podrirse con nosotros.
El delirio, esa antesala a muerte, puede ser una manera de salir de un laberinto (Paul Woodrough), una versión de tu vida tan ajena como para hacerte enloquecer (Leonard) o la posibilidad de nacer de nuevo (Laura/Erica). También puede ser un intento de prolongarse en alguna voz, justo cuando permanecer es lo único imposible. A lo que sí renunció el imaginario de Nic Pizzolatto es al cliché de la vida convertida en flashback, en memoria, en recuento.
Ya la vida no pasa por delante de los ojos cuando la muerte es inminente.
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Esa caminata por el desierto durante los últimos minutos de vida que quedan para Frank Semyon son la invariable repetición del alma en pena, que no renuncia, que no descansa, que se niega a que la mitad más vergonzosa del espíritu se diluya entre vísceras y huesos. Nada queda resuelto si no morimos de vez en cuando, pero eso está muy lejos de conformarse con la estupidez de parecer muertos.
Ani Bezzerides a bordo del barco es, al menos, un viaje en potencia hacia un lugar que poco le envidia a Vinci, a Ventura, al vacío.
5. True Venezuela. Tras “Maybe tomorrow”, cuando estas lecturas consiguieron una línea de fuga que parecía apuntar hacia la actualidad de Venezuela, era imposible una deriva tan literal como que durante los últimos dos capítulos se mencionara a Barquisimeto o que Ani Bezzerides y Jordan Semyon terminaran pasando por delante de teléfonos CANTV hacia una versión ficcionalizada y pastiche de la procesión de La Divina Pastora.
Debo confesar que me llamó la atención la reacción en el 2.0 de los televidentes venezolanos, al ver que una manera de resumirnos como país era la cara de un político fallecido en un mural y tambores de la costa en la tierra del Tamunangue. Pocos, sin embargo, destacaron lo que quizás sea la mejor estrategia de verosimilitud de Pizzolatto:
No existe un vuelo Oregon-Venezuela. Y es probable que no exista en mucho, mucho tiempo. Pero si hacemos un inventario de los elementos narrativos que convierten a Venezuela en el destino ideal para el plan de Frank Semyon, la verosimilitud puede hacernos creer, incluso, que la ruta Portland-Maiquetía está por ser inaugurada.
Hablamos de un criminal que necesita lavar su dinero desde un lugar donde sea difícil que lo extraditen. Su fortuna está en dólares, pero necesita moverse en efectivo y conseguir que de alguna manera ese dinero se mueva rápido y sin dejar huellas. Está acostumbrado a moverse con escoltas y estuvo a punto de derrotar a la mafia rusa, la mafia turca y la mafia mexicana (leyenda de El Chapo mediante), con un negocio basado en infraestructura pactada con las autoridades públicas, a quienes ya había comprado pero lo traicionaron.
¿A usted le parece descabellada la idea de un reportero de Times en Venezuela, yendo a una de las mayores concentraciones de fe en América Latina, recibiendo una serie de documentos que incriminan a unas mafias que operan en algún lugar de California? Si usted fuese parte del (inexistente) staff de escritores de Nic Pizzolatto, ¿Ani se las habría entregado al SEBIN o al CICPC?
Es probable que Pizolatto esté mejor informado que los guionistas de Homelandsobre los milagros que se le piden a La Divina Pastora.
Quizás desde acá, tan lejos de Vinci pero tan cerca de sus miserias, no debería preocuparnos que un mural con el rostro de un referente político y una procesión le sirvan al guionista de una serie para resumirnos. La preocupación debería radicar en que somos rotundamente verosímiles para la escena final de la segunda temporada de True Detective. Y en hacer algo para que esos lugares necesiten nuevamente a la ficción y no consigan en nosotros las coordenadas ideales para soñar con sus muertos.

Escrito por Willy McKey Poeta, escritor y editor. Puedes leer más textos de Willy McKey en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @willymckey y visitar su web personal.

Visita la fuente: Prodavinci

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